El proyecto, liderado por la geógrafa Raquel Alvarado, busca medir condiciones de vivienda, salud, educación, movilidad y acceso a servicios en todo el país. El objetivo no es jerarquizar, sino comprender las realidades de cada territorio
La Facultad de Ciencias de la Universidad de la República lidera una investigación que busca construir un índice de calidad de vida y desigualdades socioambientales en los municipios del interior de Uruguay. El proyecto, financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC), está a cargo de la geógrafa y docente Raquel Alvarado, en conjunto con Soledad Camacho, ambas investigadoras del Laboratorio de Estudios Socioterritoriales del Departamento de Geografía.
El estudio analiza indicadores vinculados a condiciones ambientales, vivienda, salud, educación, movilidad, servicios y uso del tiempo libre, con el objetivo de elaborar un índice georreferenciado que permita visualizar en el territorio las distintas realidades que atraviesan los municipios uruguayos.
Calidad de vida: más que condiciones materiales
Alvarado explicó que el concepto de calidad de vida es amplio y puede abordarse desde distintas perspectivas. A diferencia de las condiciones de vida, que suelen asociarse a aspectos materiales como el ingreso o la vivienda, la calidad de vida también incluye dimensiones subjetivas. Sin embargo, por la escala del proyecto, el equipo trabaja con indicadores objetivos, aquellos que pueden medirse y compararse entre municipios.
Entre las dimensiones que analiza la investigación aparecen las condiciones de la vivienda y el acceso a servicios básicos. También se incorporan elementos vinculados al ambiente, no solo desde sus problemas —como la contaminación o la disposición final de residuos— sino también desde sus beneficios, como la presencia de áreas verdes, playas, centros termales o paisajes que mejoran el entorno en el que viven las personas.
No es un ranking, es una herramienta
Alvarado señaló que el propósito no es elaborar un ranking para definir cuál municipio es “mejor” o “peor”, sino identificar desigualdades. El índice podría permitir agrupar municipios según niveles de calidad de vida y, además, observar dimensiones específicas. Un municipio puede tener buenos resultados en infraestructura, pero presentar carencias en recreación, salud o transporte. De esa forma, el estudio busca evitar una mirada única y mostrar la complejidad de cada territorio.
Desafíos: acceso a la información y desigualdades institucionales
Uno de los principales desafíos del proyecto es el acceso a la información. Parte de los datos proviene del censo y de organismos públicos como la ANEP, el Ministerio de Salud Pública o empresas de transporte. Pero otra información no está sistematizada y debe obtenerse mediante encuestas y entrevistas a alcaldes. Según Alvarado, esto implica insistir, llamar y explicar la importancia del relevamiento, ya que no todos los municipios cuentan con la misma disponibilidad o capacidad institucional para responder.
La investigación también dialoga con una preocupación que Alvarado arrastra desde hace años: la forma en que se crearon los municipios en Uruguay. Desde que comenzó el proceso de descentralización en 2010, la docente analiza el procedimiento de delimitación de los municipios y cuestiona los criterios aplicados. Existen municipios muy pequeños, algunos con muy poca población y recursos limitados, mientras otras localidades con más habitantes no necesariamente cuentan con gobierno municipal. Estas diferencias también están vinculadas a la forma en que se implementó el proceso en cada departamento. Mientras algunos gobiernos departamentales desarrollaron una planificación más cuidadosa para la creación de municipios, otros avanzaron con menor preparación o con criterios menos definidos.
Consecuencias concretas en la vida de las personas
Para Alvarado, estas diferencias no son solo administrativas. Tienen consecuencias concretas en la vida de las personas. En algunos lugares del interior profundo, el transporte puede pasar una vez por semana, los servicios de salud pueden no contar con médicos todos los días o ciertos estudios deben realizarse en la capital departamental. También aparecen reclamos vinculados a bomberos, oficinas públicas, locales de cobranza y otros servicios que organizan la vida cotidiana. Salud, movilidad y servicios son algunas de las áreas donde aparecen con más fuerza las desigualdades.
Aunque el proyecto todavía se encuentra en proceso, las respuestas preliminares de los municipios ya muestran dificultades recurrentes en estas áreas. Estas desigualdades no siempre son visibles en los grandes indicadores nacionales, pero se manifiestan en experiencias cotidianas. La posibilidad de acceder a una consulta médica, realizar un trámite, participar en actividades culturales o contar con transporte para desplazarse puede variar significativamente entre localidades separadas por pocos kilómetros.
Una herramienta para políticas públicas
Una de las metas del proyecto es aportar evidencia que permita comprender mejor esas diferencias territoriales. El índice, una vez construido, podría transformarse en una herramienta para orientar políticas públicas. Al mostrar en el mapa dónde se concentran determinadas carencias, permitiría que organismos con competencias sobre los municipios diseñen acciones más específicas y atiendan las desigualdades territoriales con mayor precisión.
Más que medir para ordenar, el proyecto busca medir para comprender. A través de mapas, indicadores y datos georreferenciados, la investigación pretende construir una radiografía de las distintas formas en que se vive en el interior del país.
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