Cuidar en comunidad: Una radiografía urgente a la infancia y los roles de género en Nueva Palmira

En la antesala del Día de la Familia, la psicóloga y presidenta de la Cooperativa de Trabajo Arandú, Lic. Natty Gómez, advierte sobre la sobrecarga femenina en los cuidados, los mandatos que aún aprisionan a los niños y la urgencia de que la comunidad asuma la crianza como un compromiso colectivo. Un diagnóstico sin anestesia desde el CAIF Una Pindó.

Exclusiva - Redacción de Nueva Palmira Portal (ver entrevista transcrita)

“En mi casa mando yo y hago lo que quiero con mis hijos”. Esa frase, dicha o susurrada en muchos hogares palmirenses, sigue siendo una de las principales barreras para que la infancia sea vista como sujeto de derecho y no como propiedad. En el marco del Día Internacional de la Familia –que se celebra cada 15 de mayo–, la licenciada en Psicología Natty Gómez, presidenta de la Cooperativa Arandú y referente comunitaria de larga trayectoria en Nueva Palmira y la región, no esquiva las preguntas incómodas en entrevista con Nueva Palmira Portal.

Gómez gestiona el CAIF Una Pindó (Nueva Palmira), el CAIF Ñurumí (Carmelo) y el CAFF Aré Porá (Carmelo). Desde esa trinchera diaria, el equipo palmirense acaba de definir el proyecto de centro para el bienio 2026-2027 con un eje que suena a diagnóstico y a declaración de principios: la corresponsabilidad con perspectiva de género, entendiendo que la crianza no es un asunto privado sino un compromiso político y comunitario.

¿Por qué en Nueva Palmira –una ciudad atravesada por los ritmos del puerto, la industria y la producción– sigue siendo abrumadoramente la mujer quien carga con los cuidados? ¿Qué pasa en la cabeza de un niño que crece viendo que papá nunca cambia un pañal? ¿Y qué podemos hacer los vecinos para que proteger a la infancia no sea solo tarea de una institución? Estas son algunas de las respuestas.


“Un adulto menos cansado es lo que necesitan las infancias”

La entrevista empieza por lo básico: ¿qué le hace a un niño o niña crecer en un hogar donde el cuidado está equilibrado? Gómez no duda: “Impacta, y mucho”. Explica que compartir los cuidados no solo mejora el bienestar de los más chicos, sino que moldea directamente su desarrollo emocional y social.

“Cuando los cuidados se equilibran, los entornos se tornan más saludables. Hay adultos más disponibles emocionalmente para jugar, para acompañar en la escuela, el fútbol o el patín. Un adulto que no se sobrecarga está menos cansado, y eso es lo que necesitan las infancias hoy: referentes física y afectivamente presentes”, sostiene.

Pero el efecto va más allá del presente. La identidad, recuerda la psicóloga, se construye observando y escuchando. “Si en casa ven que las tareas cotidianas son compartidas de forma igualitaria, lo incorporan como algo natural. Entienden que el hombre puede cuidar, cocinar, tender la ropa, cambiar un pañal o jugar, y que eso forma parte de su masculinidad. Al vivir estas experiencias, desarrollan vínculos más libres, completamente alejados de los estereotipos de género”.


El dato duro: 80% de mujeres en el día a día del CAIF

¿Por qué el nuevo proyecto de centro pone la lupa en la corresponsabilidad? Gómez es contundente: “Lo que nos llevó a tomar esta decisión es un dato de la realidad: quienes participan de las actividades cotidianas del centro son, en un 80%, las mujeres (mamás, abuelas, tías)”.

Reconoce que hay papás o referentes masculinos que participan: “Los llevan o los van a buscar, o aparecen el Día de la Familia. Pero en el día a día, cuando un niño se cae o amanece con un problema de salud, el contacto que responde rápidamente siempre es la mamá. Ella es quien está”.

Frente a eso, el CAIF Una Pindó ya está moviendo fichas. “Prácticamente estamos pidiendo que todos los papás o referentes masculinos del hogar estén en los grupos de WhatsApp de comunicación directa. También proyectamos actividades en sala donde quienes asistan a poner el cuerpo sean los varones: por ejemplo, talleres para aprender a cambiar el pañal de un bebote de juguete”, adelanta.

Incluso el festejo del Día de la Familia –que en mayo el CAIF decide desmarcarse de la línea comercial del Día de la Madre– será una oportunidad para romper esquemas: “Verán a muchos papás tendiendo ropa, cocinando o cuidando”.


La batalla cultural también es interna: los juguetes no tienen género

Gómez admite que el trabajo es espejo hacia adentro del propio equipo. “A veces, sin darnos cuenta, las propias educadoras o el equipo técnico repetimos lenguajes estereotipados”. Y tira otro dato que invita a pensar: “Hoy vemos que el 50% de los niños de sala, aunque les ofrezcas juguetes sin distinción, eligen el autito y las nenas la cocinita”.

La meta es ambiciosa: “Que el 100% de los gurises elijan a qué jugar libres de la idea de que un juguete tiene género”.


Mujeres de Nueva Palmira: la culpa, el estrés y la salud mental que se resquebraja

Los ritmos de Nueva Palmira no ayudan. La ciudad respira granos, minerales, industrias y puerto; sectores con horarios rígidos que chocan con la exigencia de los cuidados. ¿Cómo afecta esa dinámica laboral, sumada a la desigualdad de género, a la salud mental de las mujeres palmirenses?

“Influye de manera drástica”, responde Gómez. “Cuando la mujer es la principal o única responsable de los cuidados, se genera una acumulación de exigencia física y mental que termina afectando todos los ámbitos de su vida”.

Describe un cuadro que muchas reconocerán: “Aparece una culpa constante: culpa por no estar en el acto de la escuela, por no llegar a las salidas o los cumpleaños; culpa por olvidarse de algo en medio de la saturación mental (‘tenía pediatra hoy y se me pasó’)”. El desenlace, advierte, es grave: “Cuadros de estrés, ansiedad, pérdida absoluta de los espacios propios, irritabilidad y, en consecuencia, esa falta de disponibilidad emocional de la que hablábamos al principio. La sobrecarga laboral y doméstica enferma a las mujeres”.


¿Sujetos de derecho o propiedad de la familia?

Sobre las amenazas para el pleno ejercicio de los derechos de la niñez en Nueva Palmira, Gómez no titubea: “Las principales amenazas tienen que ver con prácticas de crianza no saludables que están naturalizadas y muy arraigadas culturalmente”.

Apunta también a la infraestructura: “Hay una carencia profunda de espacios lúdicos y recreativos públicos realmente adaptados para la primera infancia, así como de actividades gratuitas para los gurises. Desde la Cooperativa hemos intentado accionar en eso, pero falta camino”.

Y en el terreno de las ideas, el diagnóstico es crudo: “En lo normativo y legal se ha avanzado mucho desde la Convención Internacional. Pero en lo social y cultural falta un abismo. Sigue imperando el discurso de ‘en mi casa mando yo y hago lo que quiero con mis hijos’. Se los sigue castigando física y emocionalmente; se naturaliza el tirón de orejas o la palmada en la cola. No se respeta su opinión y se invalidan sus emociones bajo el lema de ‘es chiquito y no entiende’”.

La psicóloga pone el dedo en frases que duelen porque se disfrazan de ternura. “Muchas veces no somos conscientes del daño que puede llegar a tener alguna frase que le decimos a los niños y a las niñas, que tienen que ver directamente con el género, y en realidad son frases que se utilizan desde el amor, yo no digo que sea malintencionado, algunas veces puede llegar a ser, por ejemplo, 'el mariconcito de mamá’ o expresiones directamente restrictivas como ‘no llores, no seas maricón’”. El efecto, explica, es doble: “Ahí no solo estás invalidando la emoción de un ser humano al prohibirle llorar, sino que le estás machacando que expresar dolor o sensibilidad no es una cuestión de varones”.


Del CAIF a la ciudad: los niños como multiplicadores del buen trato

La pregunta del cierre es práctica: ¿cómo lograr que el trabajo que se hace puertas adentro del CAIF contagie a toda la comunidad? Gómez no tiene certezas matemáticas, pero apuesta a un mecanismo simple y profundo a la vez: los propios niños.

“El CAIF tiene una pata muy grande centrada en el trabajo con las familias. La propuesta pedagógica las incluye obligatoriamente; esto no es una guardería o un depósito de niños”, aclara. Por eso desde la inscripción ya se informa que hay talleres semanales para los adultos, y la asistencia, por suerte, viene siendo buena.

Pero el verdadero motor de cambio, cree, son los más chicos. “Ellos son una esponja: lo que absorben en el centro lo trasladan a sus hogares, lo multiplican en el barrio. Confiamos en que la transformación del tejido social empieza por ahí”.

Mientras tanto, la invitación para los vecinos de Nueva Palmira es clara: que la protección de la infancia sea una prioridad colectiva y no solo de una institución. Porque, como titula el proyecto del CAIF Una Pindó para el próximo bienio, cuidar en comunidad es la única radiografía urgente que vale la pena mirar de frente.

Nota editorial: La redacción, los títulos y el enfoque periodístico de este artículo son responsabilidad exclusiva de Nueva Palmira Portal. Las declaraciones de la entrevistada se encuentran debidamente señaladas entre comillas, respetando la literalidad de su testimonio técnico y profesional. VER ENTREVISTA

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